lunes, 6 de julio de 2020

REFLEXIÓN PARA AMAR

Tiene el amor feroces
galgos morados;
pero también sus mieses,
también sus pájaros.
José Gorostiza


Te necesito con la mente abierta. He vivido treinta veces mi edad, he volado, he nadado, he ido al centro de la tierra y he hablado con fantasmas a media noche. He leído, he escrito, he cantado, he llorado, he reído con el viento de la mano, he sudado por una pieza de pan y he estudiado hasta comerme mis desvelos. También me he caído, he raspado el alma, he dicho promesas que no cumplí y he sostenido mi palabra más allá de una década. He perdido amigos, amores, familia, y han llegado a mi corazón nuevas personas sin poder reemplazar a quienes se marcharon. He tomado mi guitarra hasta lo más hondo de mi soledad y me he despedido con ganas de volver... y no he vuelto. Dije hasta nunca, dije por siempre, y han sido mis mentiras más grandes. Voy y vengo en el tiempo, sé trabajar el presente, sé lloverle y sé quedarme. He sido feliz y he perdido el sentido de todo. He desconocido el rostro de Dios, he estado muy cerca de Él.

Te necesito con la mente amplia para que quepa en ella mi esencia, mi calma y mi tormenta, mi compañía y mi ausencia. Mi amor sólo podrá habitar una mente segura, que haya viajado, nadado, leído, cantado, reído y llorado. Alguien que no esté cansado de vivir, que tome el miedo en sus manos y lo lleve a navegar, para fortalecerlo, para enfrentarlo. No sé amar a medias. Me he confundido, he llegado tarde, he estado lejos, mas siempre encuentro el camino de vuelta a casa. Me cansé de huir, me cansé del plástico, me cansé del ruido, de los gritos, de las peleas... Yo voy por batallas de amor, esas que sufren con una sonrisa en el rostro, esas que van a la montaña en busca de respuestas, que regresan con las manos vacías y el alma llena. He sido amiga, novia, hija y forastera.

Te necesito con la mente grande, para volver a casa, para construir hogueras. Que el protocolo se queme. Necesito que te reinventes, que tomes un avión, un autobús, un cometa, un dragón o un unicornio para venir a mí, que seas capaz de llamarme desde el silencio, que haya entre nosotros algo más resistente que un hilo de cualquier color. 

Te necesito valiente, fuerte, con fe, porque llegará la sequía y sentiremos miedo, seremos frágiles y la fe se esconderá de nosotros. Podemos resolverlo como hasta ahora, cada uno a través de su historia, de sus luchas, de sus fracasos, de sus triunfos, de sus plegarias y de sus actos, para eso continúo el viaje sola. Lo que yo quiero, corazón cobarde, es tomarnos uno del otro, aguantar juntos el aire, volver a poner el techo de la casa, trabajar la tierra a cuatro manos. Que el tiempo y la distancia nos hagan los mandados, quien sabe lo que quiere cosecha despacio, pero trabaja día con día en su siembra. Y podré no verte, y podremos estar lejos, y podremos olvidarnos... no te quiero esperándome, te quiero seguro de mi regreso a casa.

He amado. He amado antes y lo haré después. Ha sido una suerte histórica, desafiante de todo lo conocido, inspiración de poemas que no se habían escrito antes. Y he intentado amar, a fuerza del que espera, del cansancio, de ya no querer buscar o esperar. No funcionó. No pretendo amar igual, he aprendido de las tragedias, del punto final. Me estoy purgando de recuerdos, con el coraje a la medida del miedo, conociendo mi mundo interior, abriendo el corazón a las dimensiones de este mundo que se muere por falta de amor.

Te necesito con la voluntad que requiere amar, sin máscaras, con tu todo, incluso cuando está incompleto. Te necesito así para compartir este intermedio de regreso al Padre, este limbo llamado vida. Porque cuando seas abierto, amplio y valiente, yo te querré, como a nadie antes, como a nadie después. Te querré para la eternidad, incluso si ésta se viste de brevedad. Te querré para amarte como si el mañana no fuera a llegar. Te querré sincera, desnuda, real, vulnerable, sin pasado, forjando nuestro futuro. Te necesito así porque sin ti puedo vivir grande, inmensa... te necesito así porque no hay castillo más vacío que aquel donde sólo habita una persona.

Dime tus flaquezas, cuéntame tus preocupaciones, dame un problema y yo daré soluciones. Te necesito con ganas de amar, de compartir, de trabajar, de construir. Todo lo demás tiene una salida: que si nos falta dinero, que si estamos aprendiendo, que si la edad, que si la distancia, que si el trabajo, que si la familia... Tú dame tus ganas, Dios hará el resto.

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