El amor es paciente, es servicial... No toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad...
Hoy canto estas palabras de una de las cartas más bellas que han sido escritas. Toda mi vida he buscado el amor. Cuando me sentía sola e incomprendida, buscaba amor; cuando me costaba trabajo hacer amigos, cuando me enamoré, siempre busqué amor; cuando sentí romperse mi corazón, cuando teniéndolo todo volví a sentirme sola, cuando intenté conciliar el mundo y mi fe, yo seguía buscando amor. Amor es Dios, dice la Palabra. Amor es Dios, me han dicho por 13 años. Amor es Dios, es lo mismo que proclamo, pero no lo sabía realmente.
He fallado. Más de 70 veces siete. Mi pecado es la carne, es la soberbia, la vanidad, es también el miedo, la falta de oración, por eso la fe que tú me diste no da fruto, sigue cayendo en terreno de piedra, sigue perdiéndose en el camino. ¿Aún me amas? ¿No tomarás en cuenta mi mal? Todas las veces que me metí a la boca del lobo, todas las veces que he suicidado mi alma con la fornicación, con la infidelidad, con la mentira, ¿soportarás todo? ¿Volverás a subir a esa cruz, a la cruz que yo misma te he labrado con pornografía y encuentros de una noche? Me estoy matando, Cristo, te he matado a ti también. Cuando de Ti sólo he recibido amor en abundancia en forma de bendiciones, me has llenado de amor para que nunca esté sola, para que pueda llevar sonrisas, para que pueda luchar, para que declare la verdad... ¿por qué mi cuerpo sigue siendo un templo corrompido que no es digno de Ti? ¿Señor, y si subiera mejor yo a la cruz? Y si llevara yo esa cruz pesada, la cruz de la indiferencia, la cruz del silencio, la cruz de usar el cuerpo como objeto, y recibiera yo lo justo por mis actos, si recibiera yo el castigo por la desobediencia, sería yo quien moriría en la cruz. ¿Por qué, Señor, me amas tanto? ¿Por qué sigues muriendo por mí? ¿Por qué sigo cantando para Ti cuando sabes que unas noches atrás he profanado el templo que me diste por cuerpo? ¿Por qué ya no puedo contar cuántas veces me has librado de ser apedreada y me dices, anda hija, no vuelvas a pecar? ¿Puedo, Cristo, puedo ya no volver a pecar? ¿Puedes cambiar mi nombre? ¿Puedes hacer que entre en la cruz para dejar de ser indiferente a tu Voluntad?
Tengo miedo, tengo dolor, tengo dudas, me falta tanto amor. ¿Cómo guardo el amor que me has dado para que se quede en mi corazón? ¿Para que cuide mi alma de las impurezas? ¿Qué debo hacer para purificarme después de todo lo que he hecho? ¿Cuál será el castigo por todos estos años de pecado? Pero lo que más me duele es que apenas caigo en cuenta de ello. Y me pude haber ahorrado tanto, por no saber decir no, por ir a los lugares donde me siento incapaz de decir no... Ya me harté. Ya no quiero morir así, no quiero más vivir en esta prostitución. No quiero morir sin Pascua, sin Comunión.
Hágase tu voluntad. Quiero subir a esa cruz contigo, porque soy yo quien debería estar ahí. Baja, ve Tú a abrazar a mis niños, ve a pasear con mis padres, ve a jugar con mi hermano, ve a cantar con mis amigos, ve a viajar, y ponme a mí en la cruz. Tengo miedo de lo que estoy pidiendo. Ya me has dado tanto, que no he sabido valorar, ¿es posible empezar de cero, así nada más?
¿No vas a decirme nada? ¿No arrojarás tu cólera contra tu desobediente sierva? ¿No me rechazarás por no haberme preparado para la fiesta? Me das vida día con día, esperando que deje entrar tu luz, que confíe en tu Voluntad, que tu fuerza es mayor que mi lujuria, que tu amor es mayor que mi soberbia, que tu misericordia es más grande que mi culpa. Y que es verdad que mi mente olvida, que el corazón se quiebra, pero es verdad que tú salvas mi alma. Toma mi alma, toma mi cuerpo, mi mente, mi corazón, toma todo y baja de esa cruz, que no quiero verte morir. ¿Qué tan grande debe ser tu amor para vencer la muerte de todos? Dios, eres infinito, grande, misericordioso. Eres amor. Enséñame a amarme y procurarme como Tú siempre lo hiciste. Perdóname, ya no puedo, ya no quiero ser indiferente a tu dolor en el calvario, ya no quiero esta vida que yo me construí. Ya me cansé, no como antes, tantas veces que te he dicho que me he cansado, permíteme sentir asco de mis actos, huir de las situaciones que me llevaron a pecar. Me has dado todo para triunfar y la recompensa es volver a Ti, a ese amor infinito que mi alma insaciablemente ha buscado desde que está aquí en la Tierra.
Señor, si es posible, que las cosas no se compliquen para mí y para mi familia, si es tu Voluntad, que no haga falta mayor escarmiento y acéptame en tu casa como al más pequeño de tus siervos.
Amén.
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