martes, 22 de septiembre de 2020

Porque el amor es Dios

 El amor es paciente, es servicial... No toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad...

Hoy canto estas palabras de una de las cartas más bellas que han sido escritas. Toda mi vida he buscado el amor. Cuando me sentía sola e incomprendida, buscaba amor; cuando me costaba trabajo hacer amigos, cuando me enamoré, siempre busqué amor; cuando sentí romperse mi corazón, cuando teniéndolo todo volví a sentirme sola, cuando intenté conciliar el mundo y mi fe, yo seguía buscando amor. Amor es Dios, dice la Palabra. Amor es Dios, me han dicho por 13 años. Amor es Dios, es lo mismo que proclamo, pero no lo sabía realmente.

He fallado. Más de 70 veces siete. Mi pecado es la carne, es la soberbia, la vanidad, es también el miedo, la falta de oración, por eso la fe que tú me diste no da fruto, sigue cayendo en terreno de piedra, sigue perdiéndose en el camino. ¿Aún me amas? ¿No tomarás en cuenta mi mal? Todas las veces que me metí a la boca del lobo, todas las veces que he suicidado mi alma con la fornicación, con la infidelidad, con la mentira, ¿soportarás todo? ¿Volverás a subir a esa cruz, a la cruz que yo misma te he labrado con pornografía y encuentros de una noche? Me estoy matando, Cristo, te he matado a ti también. Cuando de Ti sólo he recibido amor en abundancia en forma de bendiciones, me has llenado de amor para que nunca esté sola, para que pueda llevar sonrisas, para que pueda luchar, para que declare la verdad... ¿por qué mi cuerpo sigue siendo un templo corrompido que no es digno de Ti? ¿Señor, y si subiera mejor yo a la cruz? Y si llevara yo esa cruz pesada, la cruz de la indiferencia, la cruz del silencio, la cruz de usar el cuerpo como objeto, y recibiera yo lo justo por mis actos, si recibiera yo el castigo por la desobediencia, sería yo quien moriría en la cruz. ¿Por qué, Señor, me amas tanto? ¿Por qué sigues muriendo por mí? ¿Por qué sigo cantando para Ti cuando sabes que unas noches atrás he profanado el templo que me diste por cuerpo? ¿Por qué ya no puedo contar cuántas veces me has librado de ser apedreada y me dices, anda hija, no vuelvas a pecar? ¿Puedo, Cristo, puedo ya no volver a pecar? ¿Puedes cambiar mi nombre? ¿Puedes hacer que entre en la cruz para dejar de ser indiferente a tu Voluntad?

Tengo miedo, tengo dolor, tengo dudas, me falta tanto amor. ¿Cómo guardo el amor que me has dado para que se quede en mi corazón? ¿Para que cuide mi alma de las impurezas? ¿Qué debo hacer para purificarme después de todo lo que he hecho? ¿Cuál será el castigo por todos estos años de pecado? Pero lo que más me duele es que apenas caigo en cuenta de ello. Y me pude haber ahorrado tanto, por no saber decir no, por ir a los lugares donde me siento incapaz de decir no... Ya me harté. Ya no quiero morir así, no quiero más vivir en esta prostitución. No quiero morir sin Pascua, sin Comunión. 


Hágase tu voluntad. Quiero subir a esa cruz contigo, porque soy yo quien debería estar ahí. Baja, ve Tú a abrazar a mis niños, ve a pasear con mis padres, ve a jugar con mi hermano, ve a cantar con mis amigos, ve a viajar, y ponme a mí en la cruz. Tengo miedo de lo que estoy pidiendo. Ya me has dado tanto, que no he sabido valorar, ¿es posible empezar de cero, así nada más? 


¿No vas a decirme nada? ¿No arrojarás tu cólera contra tu desobediente sierva? ¿No me rechazarás por no haberme preparado para la fiesta? Me das vida día con día, esperando que deje entrar tu luz, que confíe en tu Voluntad, que tu fuerza es mayor que mi lujuria, que tu amor es mayor que mi soberbia, que tu misericordia es más grande que mi culpa. Y que es verdad que mi mente olvida, que el corazón se quiebra, pero es verdad que tú salvas mi alma. Toma mi alma, toma mi cuerpo, mi mente, mi corazón, toma todo y baja de esa cruz, que no quiero verte morir. ¿Qué tan grande debe ser tu amor para vencer la muerte de todos? Dios, eres infinito, grande, misericordioso. Eres amor. Enséñame a amarme y procurarme como Tú siempre lo hiciste. Perdóname, ya no puedo, ya no quiero ser indiferente a tu dolor en el calvario, ya no quiero esta vida que yo me construí. Ya me cansé, no como antes, tantas veces que te he dicho que me he cansado, permíteme sentir asco de mis actos, huir de las situaciones que me llevaron a pecar. Me has dado todo para triunfar y la recompensa es volver a Ti, a ese amor infinito que mi alma insaciablemente ha buscado desde que está aquí en la Tierra.


Señor, si es posible, que las cosas no se compliquen para mí y para mi familia, si es tu Voluntad, que no haga falta mayor escarmiento y acéptame en tu casa como al más pequeño de tus siervos.

Amén.

domingo, 2 de agosto de 2020

Tal vez no me veas de rodillas

Me vas a ver dentro de un templo, sentada hasta adelante, porque eso aprendí a hacer cuando algo me interesaba. Me vas a ver riendo de los chistes del sacerdote durante la homilía. Si no me ves en las primeras bancas, tal vez me encuentres en el coro, con o sin guitarra, cantando a todo pulmón, sonriendo, incluso cuando estoy llorando. A veces me verás en las últimas bancas, seguramente habré llegado tarde, pero desde ahí sigo con mi vista todos los momentos de la misa y sigo cantando con toda la potencia de mi voz. Me verás quedándome un rato más después de la bendición, que a veces también estoy ahí adentro cuando ya todos se fueron y pocas veces también me ha tocado cerrar. En un tiempo especial, me verás, junto con otros locos, llegando a primera hora de la mañana e irnos casi en la madrugada. Me vas a ver con ellos muchas veces, en las procesiones, en la hora santa, en misas y celebraciones de la Palabra.

Pero, también me verás comprando cerveza en el super, viendo caricaturas en mi habitación, leyendo a Baudelaire y Rimbaud, yendo a bailar un viernes en la noche y usando minifalda un día de calor. Me verás discutiendo con mi madre de puras trivialidades, postergando los pendientes para después y tomándome selfies en el carro antes de salir. Me verás tomar mi guitarra para cantar rock, trova o tiernas melodías. Y puede, incluso, que me veas un día salir con un muchacho que jamás has visto en misa.

Ya no me escondo de nadie, porque Dios siempre ha sabido lo que hago. Lo que hice, sí fue malo, mas peor fue tratar de ocultarlo. Hoy pido al cielo que me de ojos para verme tal cual soy, sin miedos ni prejuicios, sin máscaras ni vestidos, aceptarme en el paquete completo y clamar: ¡hazme, Señor, un vaso nuevo!

Tal vez no me hayas visto de rodillas una hora frente al Santísimo, ni aquellos momentos con los ojos hinchados haciendo fila para la confesión. Ha sido Cristo quien me acompañó cuando me odié, cuando me quebré, cuando la adultez me alcanzó muy pronto y cuando la inmadurez se aferraba a mi corazón. Me ha escuchado gritar y callar, me ha visto caminar, ha puesto su mano para librarme de mis propios tropiezos, puedo hablarle sin palabras porque conoce desde siempre mi duro corazón.

Me verás que estoy ahí, a jalones y estirones, pero ya sin más hipocresía, soy uno de esos pecadores por los que señalan a la Iglesia, trabajando día con día por desprenderme de mí, por abrazar la cruz y acompañar en el camino a quien me dio la vida, a quien me miró con amor. Quedarme al pie del cañón junto a Aquel para quien fui persona antes que mentirosa, mujer antes que promiscua, hija antes que forastera. Tal vez no me veas de rodillas, pero si te acercas a mí y quieres conocer mi historia, te hablaré de un ser humano que busca a Dios más allá del temor de la ley, una persona que encontró las respuestas que no halló en el mundo ni en la ciencia, las viene a descubrir poco a poco dentro de la Iglesia.

Para ti soy la oveja negra, para Él soy su hija.

viernes, 24 de julio de 2020

La oveja negra y su semilla

Hoy escuché en el Evangelio según San Mateo, la explicación a la parábola del sembrador, donde Jesús explica a sus apóstoles qué significa cada uno de los lugares donde cae la semilla.

Nada nos preparó para vivir una pandemia. Ricos, pobres, enfermos y sanos, atravesamos un desierto, pues no vemos de dónde vino esto ni a dónde nos llevará, estamos varados. Si a pesar de encontrarte en medio de la nada, sigues caminando, es porque Dios te ha elegido, como me eligió a mí. "La fe es un regalo de Dios", escuché. Realmente lo es. ¿A quién podría importarle esa oveja negra que se ha separado del rebaño? A Cristo. Yo soy la oveja negra, a través de este blog quiero compartir un poco de mi historia sobre cómo Jesús me encontró, cómo yo le he fallado, cómo sobreabundó su amor y su misericordia en medio de mi vida. Si también te ha pasado que te sientes como oveja perdida, incluso si has sido lobo o cazador, quiero decirte que no estás solo, que conozco esos caminos que te han herido y por los que has herido.


Siempre fui una oveja negra. En términos generales, mi familia es católica, pero mi padre es ateo y por lo mismo creo que ni mi hermano ni yo fuimos educados bajo ninguna tradición religiosa. La primera vez que fui al catecismo fue a los 11 años. Y ¿saben? A esa edad fui ese borde del camino donde la semilla fue robada, que vinieron las aves y se la comieron. Creí, pero no entendía. Veía, pero no conocía aquel del que me hablaban. Entré a la pubertad y la adolescencia. No me volví rebelde, siempre lo fui, todos empezaron a notar mi color. Gritaba cuando estaba molesta, me privaba en llanto en medio de la tristeza, evadía responsabilidades y cuando tuve oportunidad me escapé varias veces, una de las cuales fue en la noche y preocupé a mi familia porque no me encontraban. Iba a la Iglesia, estaba (estoy) en un coro, y aún así hacía todo eso. Yo no entendía. Para mí, Dios efectivamente lo era todo, creador, omnipresente y omnisciente, el que gobierna el más allá, mas no significaba algo para mí, Dios era lo que había aprendido y nada más.

Mis acciones trajeron consecuencias, fui señalada por mi familia, aunque acogida por amistades. Sé que hubo quien oró por mí y Cristo me rescató, me mantuvo cerca a través de un novio que estaba también en la Iglesia. Pero yo seguía siendo oveja negra. Empecé a sentir el amor de Dios a pesar de mis decisiones, de mi terquedad, de mi rebeldía y de mi debilidad, pero era puro sentimentalismo, la semilla tampoco pudo echar raíz, era como terreno pedregoso. Y sumé otra situación, había convertido a mi novio en mi ídolo. Esa experiencia es una historia completa, en pocas palabras, ahora yo oré y pedí la intervención del Padre, si esa relación no era para mí... actuó de inmediato y quedé deshecha. La fe es un regalo, yo no había hecho nada para merecer consuelo, por el contrario, al verme envuelta en rencor y falta de cariño, viví pecando. En medio de todo, fui llamada en el camino Neocatecumenal.

Nací en el camino hace dos años, y hasta ahora voy descubriendo que efectivamente el Espíritu Santo vive en mí. Soy una oveja negra amada, muy amada. Soy una oveja rescatada, lejos o cerca del rebaño, sigo siendo blanda, sufro con el dolor del mundo, alzo la voz frente a las injusticias, lloro junto a quien llora, río junto a quien ríe y vuelvo a llorar cuando alguien me retira su amor. Ya no soy más ese borde del camino donde la semilla se perdía, ni la piedra donde no puede echar raíz. Existe un maligno que constantemente quiere regresarme a esos momentos, mas Dios es más fuerte. Ahora me encuentro como la semilla que creció junto a los abrojos, me siguen preocupando las cosas de este mundo, el éxito, la riqueza, lucho por defender la semilla de caridad y humildad que viene del Espíritu.

Sigo siendo una oveja negra, distraída que se pregunta ¿qué pasaría si me voy por ahí? Con mi libertad me he ido por otros lados, sin embargo, una voz me dice que por ahí no es, y cuando regreso Cristo sigue ahí. Veo que la vida es un caminar, Jesús va al frente, va a mi lado, a veces cargándome, vamos con Él. Si yo decido alejarme, Él sale a buscarme hasta que yo me deje encontrar. Pero este camino no es eterno, tiene una fecha de caducidad, ¿dónde quiero estar cuando llegue la muerte? En el rebaño que saldrá victorioso junto con su pastor, o lejos de Él.

Jamás dejaré de ser oveja negra, no puedo cambiar el pasado. El día de hoy tengo la libertad de entregarle al Señor mis viejos pasos y caminar sobre los suyos. Nada ha cambiado en mí, después de todo, las ovejas negras también formamos parte del rebaño.

miércoles, 8 de julio de 2020

Carta al cielo I

Yo quiero descubrirte en todas las cosas, quiero decirle a este mundo triste, angustiado, sediento y herido, que Tú estás aquí, que has hecho maravillas, que eres todo lo que anhela nuestra alma, eres fruto y semilla, cordero y pastor, Padre y amigo, fuero y agua.

Quiero descubrirte en todas las cosas y quiero descubrirme en Ti para ser parte de todo aquello donde Tú estás.

martes, 7 de julio de 2020

TRIPAS CORAZÓN

Mamá dijo: has tripas corazón
Cuando éste se me caía
Y con mis manos recogía los pedazos. 
¡Tripas corazón!
Si a oídos llegaba el filo
De una lengua cizañosa
¡Tripas corazón!
Al borde de emociones
Trágatelas
Amárralas
¡Haz tripas corazón!
Calla
Apaga las lágrimas 
No dejes que se vea
El nudo a través de la garganta. 
Llamábase miedo, coraje o dolor
Hacer tripas corazón 
Fue la receta de esta tristeza
Desvelo de madrugada. 

Porque el amor es Dios

 El amor es paciente, es servicial... No toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad... Hoy canto estas pa...